¿Más conocimiento garantiza una mejor elección?
Todos están discutiendo si la abogada Natalia Torres tiene razón al proponer que el voto se condicione a una preparación y evaluación sobre el funcionamiento del Estado mexicano. Pero la intención no basta: también hay que analizar los efectos reales.
Una idea lógica en la superficie
El argumento parece sencillo: si las personas votan más informadas, elegiremos mejores gobiernos. El problema aparece cuando una aspiración educativa se convierte en requisito para ejercer un derecho.
Tengo una maestría y, honestamente, si mañana el INE me impusiera la obligación de tomar cursos y aprobar un examen solo para obtener mi credencial, probablemente no lo haría. No por falta de capacidad, sino por el costo de oportunidad: tiempo, traslados, filas y permisos de trabajo. Si la medida aleja incluso a personas con estudios de posgrado, puede producir abstencionismo, no un “electorado selecto”.
Una barrera puede presentarse como una prueba neutral y, aun así, excluir de manera desigual a quienes tienen menos tiempo, dinero o acceso a preparación.
La historia obliga a desconfiar de esas barreras
Durante la era de las leyes Jim Crow en Estados Unidos, las pruebas de alfabetización y civismo fueron utilizadas para impedir que determinados grupos ejercieran el voto. Su contenido y aplicación podían manipularse para excluir a personas afroamericanas y a ciudadanos con menos recursos. El problema no era únicamente la dificultad del examen: era quién lo diseñaba, quién lo calificaba y a quién se le aplicaba.
Más escolaridad no produce un voto único
Tampoco existe una equivalencia automática entre nivel educativo y preferencia política. En una encuesta de salida de la elección presidencial de 2024 difundida por El Financiero, Claudia Sheinbaum obtuvo 48% entre personas con universidad o estudios superiores y Xóchitl Gálvez 41%. Es una estimación demoscópica, no el cómputo oficial desagregado por escolaridad, pero sirve para mostrar que los títulos no borran las simpatías políticas.
Imaginemos que mañana todas las personas aprueban el examen con diez perfecto, dominan derecho constitucional y votan exactamente por los mismos partidos. ¿Qué resolvió la prueba? Conocer civismo no anula las experiencias personales, los intereses económicos, las necesidades ni la ideología.
Quizá el problema está en la oferta
Si el objetivo es lograr mejores gobiernos, tal vez conviene mirar menos la supuesta incapacidad de la ciudadanía y más la calidad de las opciones disponibles: partidos con poca democracia interna, candidaturas improvisadas, campañas superficiales y debates que privilegian el espectáculo sobre las propuestas.
Quizá la pregunta nunca fue si los ciudadanos saben suficiente para votar. Quizá la pregunta correcta es por qué el sistema sigue ofreciendo tan pocas opciones capaces de generar confianza.
¿Tú qué piensas?
Si te hicieran un examen para obtener tu credencial, ¿irías a hacerlo o preferirías dejar de votar?
Este texto expresa una opinión y tiene fines informativos. No constituye asesoría jurídica ni una postura institucional.
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